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junio 1, 2026

La etiqueta: arte, oficio y valor añadido

Hay un momento muy concreto en el que una etiqueta deja de ser un diseño sobre pantalla y se convierte en algo real.

Sucede cuando sale de máquina, cuando el color cae donde debe, cuando el relieve responde, cuando encaja en la botella o en el envase como si siempre hubiera estado ahí. Es el primer momento de la verdad -el segundo será en el lineal de venta y con el consumidor como juez final- y no es trivial. Es oficio. Y quien trabaja en este sector lo reconoce al instante.

Porque, por mucho que hablemos de automatización, de inteligencia artificial o de integración de procesos, hay algo que no desaparece: el criterio del impresor/convertidor. La capacidad de decidir cómo se imprime, cómo se adapta, cómo se resuelve un detalle que no estaba en el briefing. La industria de la etiqueta lleva años evolucionando, pero no ha dejado de ser, en el fondo, un trabajo de precisión donde la técnica y la experiencia siguen marcando la diferencia.

Ese equilibrio entre tradición y transformación será precisamente el eje del próximo Congreso AIFEC, que se celebra en mayo en Granada bajo el lema “Más allá de la etiqueta”, que trata de constatar un cambio real que es palpable: el sector ya no se define solo por lo que produce, sino por el valor que aporta en la cadena. Imagen, cumplimiento normativo, sostenibilidad o trazabilidad forman parte de un mismo ecosistema donde la etiqueta ha dejado de ser un elemento aislado para convertirse en una pieza estratégica. InfoPack estará allí para contarlo y para transmitir, una vez más, la capacidad del sector de la etiqueta para reunirse, analizarse y reajustarse en tiempo real.

Y es que el contexto lo exige. La convergencia entre etiquetas y envase flexible ya no es una tendencia incipiente, sino una realidad industrial. Ambos mundos comparten tecnologías, clientes y, cada vez más, estrategias, en línea con las lógicas actuales de eficiencia material, optimización logística y respuesta a un entorno regulatorio cada vez más exigente.

Los datos ayudan a dimensionarlo. El sector del etiquetado en la Península Ibérica supera los 1.070 millones de euros y mantiene una estabilidad poco habitual en otros ámbitos industriales, incluso en escenarios de incertidumbre. Pero más allá de las cifras, lo destacable es cómo está cambiando su papel, de proveedor a colaborador. José Carrasquer, presidente de AIFEC, nos lo cuenta en estas mismas páginas. Hoy, esta evolución no se entiende sin la colaboración. Y pocos sectores lo reflejan mejor que el del vino, donde cada detalle cuenta y donde el packaging es, muchas veces, el primer contacto con el consumidor.

Por eso, en este número hemos querido que esa historia la cuente quien está al otro lado: una marca. Las etiquetas de Bodegas Franco-Españolas están en ese punto donde estrategia, creatividad y técnica cristalizan en una pieza que explica una historia. En el vino, como recuerda el CEO y propietario de la bodega, Borja Eguizábal, ese diálogo es “absolutamente decisivo”.

Ahí está, quizá, la mejor manera de entender todo lo anterior. No en la teoría, ni siquiera en la tecnología, sino en el resultado final: una etiqueta que funciona porque toda una cadena supo hacer bien su trabajo.

Y eso, aunque cambien las máquinas y las tecnologías, sigue siendo oficio.

Fuente: La etiqueta: arte, oficio y valor añadido

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