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julio 19, 2026

Talento en las empresas: Lo que la IA aún no puede sustituir

El pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de aprender se consolidan como las competencias más valoradas, poniendo sobre la mesa la importancia del perfil «híbrido» en el futuro laboral

 

Durante años, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha estado rodeada de pronósticos sobre la desaparición de puestos de trabajo y la sustitución de profesionales por máquinas. Sin embargo, la realidad que comienza a dibujarse en el mercado laboral apunta en una dirección diferente. Lejos de eliminar el factor humano, la IA está aumentando la demanda de profesionales capaces de combinar conocimientos tecnológicos con habilidades personales difíciles de replicar por los sistemas automatizados.

 

Este es uno de los principales hallazgos del último Barómetro PIMEC-UOC, que refleja cómo las empresas catalanas buscan cada vez más perfiles híbridos: profesionales con competencias digitales avanzadas, pero también con capacidades humanas como el pensamiento crítico, la adaptación al cambio, la comunicación o el liderazgo. De hecho, cerca del 90 % de las ofertas de empleo publicadas en Cataluña durante 2024 incluían requisitos relacionados con las denominadas soft skills.

 

Según explica Carlos González-Reyes, director del UOC Skills Lab, el mercado laboral evoluciona hacia un modelo de “decisión aumentada” en el que la inteligencia artificial automatiza tareas y procesos, mientras que las personas aportan aquellas capacidades que la tecnología todavía no puede ofrecer. En este contexto, las competencias personales han dejado de ser un complemento para convertirse en un requisito esencial, especialmente en entornos marcados por la transformación constante y la incertidumbre.

 

Esta tendencia afecta tanto a puestos directivos como a perfiles técnicos y operativos. Las organizaciones necesitan profesionales capaces de resolver problemas complejos, colaborar en equipos multidisciplinares y adaptarse a nuevos escenarios de trabajo. En el caso de los directivos, además, se observa una creciente demanda de competencias digitales avanzadas combinadas con habilidades de gestión y liderazgo. La dirección empresarial ya no se centra únicamente en el control de procesos, sino también en la gestión de relaciones, equipos y necesidades emocionales.

 

La expansión de la inteligencia artificial también está modificando la forma de trabajar. Cada vez más profesionales desarrollan su actividad en entornos de productividad aumentada, donde la IA actúa como una herramienta de apoyo para analizar información, generar contenidos o facilitar la toma de decisiones. Sin embargo, el verdadero valor diferencial no reside en utilizar la tecnología, sino en hacerlo con criterio.

 

Por ello, una de las capacidades más demandadas es la habilidad para interactuar eficazmente con la IA. Saber formular preguntas precisas, definir correctamente los problemas y orientar las respuestas de la tecnología se ha convertido en una competencia cada vez más relevante. Junto a ello, el pensamiento crítico emerge como una de las habilidades con mayor proyección de futuro, ya que permite validar la información generada por los sistemas de IA, detectar errores y evitar posibles sesgos.

 

Las empresas también valoran cada vez más la inteligencia emocional, la capacidad de comunicación y el liderazgo. En entornos donde conviven personas y tecnología, resulta fundamental generar confianza, gestionar equipos y facilitar la colaboración.

 

Otro de los aspectos clave es la capacidad de aprendizaje continuo. La rápida evolución tecnológica obliga a los profesionales a actualizar conocimientos de forma permanente y a desarrollar una actitud activa basada en la experimentación y la adaptación.

 

El impacto de la inteligencia artificial se extiende además a sectores muy diversos. Ámbitos como el marketing digital, los recursos humanos o el sector legal están incorporando estas herramientas para optimizar procesos y mejorar la toma de decisiones. Al mismo tiempo, surgen nuevas necesidades profesionales relacionadas con la supervisión ética de los sistemas automatizados y la validación de los contenidos generados por la IA.

 

En este escenario, la creatividad tampoco pierde protagonismo. Aunque la inteligencia artificial es capaz de producir textos, imágenes o propuestas basadas en patrones existentes, la aportación humana sigue siendo fundamental para aportar contexto, criterio, intención y nuevas perspectivas. Más que desaparecer, la creatividad evoluciona hacia una dimensión más estratégica y conceptual.

 

Todo apunta a que el futuro del empleo no estará marcado por la sustitución de las personas por la tecnología, sino por la capacidad de integrar ambas. En la era de la inteligencia artificial, las habilidades humanas se consolidan como el principal elemento diferenciador del talento profesional.

 

Fuente: Talento en las empresas: Lo que la IA aún no puede sustituir

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